“El Periodismo: El mejor oficio del mundo”*

Diciembre 12, 2007 at 10:03 pm (Blogs, Vivido) (, , , )

Decir que existe un oficio en el mundo que es mejor o superior, en muchos aspectos, a los demás es muy aventurado, pero viviéndolo desde las raíces creo que es un superlativo muy acertado.  

De mi poca experiencia en este fascinante mundo, puedo decir que para ser un periodista de, por lo menos, mediana calidad es necesaria la instrucción y el conocimiento de la mayor cantidad posible de ciencias, artes, acontecimientos de actualidad, historia, entre otras para un mejor desenvolvimiento en el ámbito profesional.

Para esto se hace imprescindible la lectura incansable, la curiosidad insaciable y la astucia necesaria para conseguir la información útil para informar a la sociedad.  Además, asumir que la sociedad o mejor dicho nuestros lectores son nuestros reales y únicos jefes, es tan o más importante que cumplir las reglas del medio para el que uno trabaja o de la profesión en general, ya que el éxito verdadero está en satisfacer la necesidades de información y conocimiento de ellos.

Sin duda alguna, la vocación y el gusto por esta labor son esenciales para comprometerse y encontrarle “la razón de ser” a la profesión.  Para descubrir si es que nos estamos dirigiendo por el camino correcto es necesario que tengamos la capacidad de desenvolvernos por nuestros propios medios y no temerle a muchas cosas que gran parte de la gente no haría.

Ser más astuto y arriesgar mucho, pero nunca retroceder y vibrar, apasionarse y sentir todo a flor de piel es fundamental para sentir como propio todo el trabajo y el esfuerzo sin dejar que este se vuelva cotidiano e intrascendente y que uno le pierda el gusto. 

También, es importante para el real periodista no perder la capacidad de sorprenderse y menos autoconvencerse de que después de ver tantas historias y acontecimientos uno lo ha visto y lo sabe todo, ya que es imprescindible dejarse galantear y seducir por lo nuevo o por lo antiguo pero que no tiene aun su verdadero lugar en el tiempo y el espacio. 

Por todas estas razones que detallé anteriormente pienso que el periodismo sí es el mejor oficio del mundo y me siento muy orgullosa y satisfecha de haber escogido esta profesión y estar dentro del mundo del MEJOR OFICIO DEL MUNDO… 

*Título copiado de un ensayo del escritor y periodista colombiano Gabriel García Márquez.

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¿Amor?, que relajo esto del amor

Diciembre 12, 2007 at 9:59 pm (Blogs, Inventado, Robado, Vivido) (, , )

Un amor desinteresado por quien podría dar mi vida y más. Ese amor en el que quiero con la mente, el cuerpo y el alma. Donde sí él llega a faltarme un solo minuto el aire me sobra, los minutos se me hacen más largos, los latidos de mi corazón más lentos, mi piel siente mucho frío, mis pensamientos se vuelven tontos y las lágrimas, casi siempre invisibles, mojan mis mejillas.  

¡Que difícil es querer así! Y más difícil aún el darme cuenta de cuándo todo lo que siento es amor del bueno; o no porque no puede existir amor malo, si hace daño ese sentimiento, el amor deja de ser amor, tal vez una gran obsesión; o si simplemente lo que siento es producto de la ilusión que me provoca una personalidad avasalladora.  

Cuánto de esto es real?, ¿Se puede amar siempre combinando la razón, el deseo y el amor como tal? ¿Cuándo se quiere con uno o con dos de estos componentes, no se puede sentir un amor completo?  Tal vez, si solo uso la razón, el amor queda incompleto.

Solo pienso lo que creo sentir y desear, pero no tengo la capacidad de dejar que siga, el amor, con su curso normal. Puede ser una amistad muy sincera, todo dentro de la normalidad, sin pasión, sin excesos, sin aventura, sin magia.  Si dejo que el amor siga el camino que señala el deseo, los excesos de pasión transforman la relación en algo que solo puede fluir en la obscuridad de una habitación, con ropa regada por todas partes y el calor de dos cuerpos sobre la cama, comiéndose el uno al otro. Pero deja de ser racional en esencia.

Nunca trasciende. La atracción me nubla el panorama.  Clamo por la presencia del otro, si no está no puedo cumplir el sueño. Y después de que se cumple no queda nada. Tal vez los recuerdo, pero ¿qué recuerdo? Sus labios recorriendo mi cuerpo o mis manos intentando descubrir que hay dentro de esa burbuja de piel. No pienso ni siento con el alma, los cinco sentidos luchan incansablemente para intentar que después de llegar a la cima me quede algo, algo deje una huella. 

El amor por amor, porque simplemente quiero querer. Bloquea mi razón, porque se que ella trazará un mejor camino. No dejo, en muchos casos, que el amor llegue a la intimidad porque tampoco necesito tanto del otro. Quiero porque sí y para mi, mucha fantasía, muchos sueños (dormida o despierta).

La imaginación me ayuda a crear escenarios perfectos, con actores profesionales, pero a nada se concreta. Todo se desarrolla en mi cabeza, no hay necesidad de besar, de tocar y mucho menos de pensar. ¡Si lo hago, se acaba! La ilusión existe, pero él quizás lo ignora. Cara a cara, tal vez esa actuación magistral no se cumpla, pero tampoco puede durar para siempre.  

Algún momento, temprano o tarde, me llego a despertar y la perfección se esfuma, me pone los pies sobre la tierra y todo el resto continua. Todo, con la satisfacción de haber vivido plenamente y cumplido mis sueños, pero frustrada cuando al mirar atrás y ver, al igual que en el desierto, que el viento borró todo el camino recorrido. 

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Algo Triste

Diciembre 9, 2007 at 6:06 pm (Blogs, Vivido) (, , )

 

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Martes 19 de marzo de 2005, tres a.m. En mi casa todos dormíamos. Sonó el teléfono. Era mi tía abuela. Realmente es muy difícil hablar con ella por teléfono. Desde su nacimiento, hace 70 años tiene una malformación en el tímpano y casi no escucha, y menos cuando esta desesperada como esa fatal madrugada.

Mi abuela, su hermana mayor, de 71 años en ese entonces, había llegado a su cuarto, minutos antes de la llamada, arrastrándose por el suelo, con la boca y la nariz llenas de sangre. El médico, luego de algunos exámenes, confirmó la sospecha. Un derrame cerebral que días después provocó la muerte de mi beyita, como yo la llamaba.

Diez días en el hospital, turnos en la noche para cuidarla entre mis primas, mis tías, mi mami y yo. ¡Que terribles días! Talvez los más largos que he vivido, el tiempo se multiplicaba a la enésima potencia. Empecé a fumar, no encontraba otra cosa para hacer en los patios de esa casa de salud.

-No hay nada más por hacer. Si sobrevive, ya no podrá valerse por sí misma- dijo el doctor. En Hamburgo, donde viven mis tías, el panorama no era mejor. La una embarazada de siete meses y la otra acababa de dar a luz un mes atrás y su madre moría, poco a poco, en Ecuador.

La eutanasia es un delito. No la podían desconectar de las máquinas que suplían sus funciones vitales. Al fin, las chiquitas, como les dicen por ser las menores, llegaron de Alemania. cuando ellas pudieron por fin verla, en la pulcra sala de cuidados intensivos del Vozandes, el cuerpo de mi abuelita, prácticamente sin vida, parecía tranquilo.

-Parece que mi mamita está esperando que todos se despidan de ella, la perdonen y también que perdone todo lo que pudo ofenderla- repetía mi tía Gladys, la que estaba más serena. Sin embargo, llegado el décimo día de esta tortuosa espera seguía faltando alguien. La despedida y las disculpas de mi abuelo. El gran amor de su vida.

Eran las 9 y media de la noche y los médicos pronosticaron que de esa noche no pasaría. Mi papá, mi ñaño y yo estábamos en una de las terrazas del hospital esperando el tan anunciado desenlace. En la casa de mi abuela, mi mamá, y tres de mis tías preparaban el traje que vestiría mi beyita en su entierro.

Gladys llamó a mi abuelo, su padre, y le pidió que se despidiera. El respirador cada vez funcionaba más lento. Acercó el teléfono al oído de mi abuela. Nunca supimos que le dijo él. Cuando mi tía pensó que había pasado un tiempo prudencial, retiró el auricular y escuchó que él cantaba la última parte de la canción con la que la enamoró 50 años antes.

Suponemos que le pidió perdón, pues 25 años atrás él la dejó por vivir una aventura con su secretaria. Aproximadamente cinco segundos después de la llamada el respirador se apagó y la maquina que controlaba los lentísimos latidos de su corazón emitió un sonido ensordecedor.

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