¿Amor?, que relajo esto del amor
Un amor desinteresado por quien podría dar mi vida y más. Ese amor en el que quiero con la mente, el cuerpo y el alma. Donde sí él llega a faltarme un solo minuto el aire me sobra, los minutos se me hacen más largos, los latidos de mi corazón más lentos, mi piel siente mucho frío, mis pensamientos se vuelven tontos y las lágrimas, casi siempre invisibles, mojan mis mejillas.
¡Que difícil es querer así! Y más difícil aún el darme cuenta de cuándo todo lo que siento es amor del bueno; o no porque no puede existir amor malo, si hace daño ese sentimiento, el amor deja de ser amor, tal vez una gran obsesión; o si simplemente lo que siento es producto de la ilusión que me provoca una personalidad avasalladora.
Cuánto de esto es real?, ¿Se puede amar siempre combinando la razón, el deseo y el amor como tal? ¿Cuándo se quiere con uno o con dos de estos componentes, no se puede sentir un amor completo? Tal vez, si solo uso la razón, el amor queda incompleto.
Solo pienso lo que creo sentir y desear, pero no tengo la capacidad de dejar que siga, el amor, con su curso normal. Puede ser una amistad muy sincera, todo dentro de la normalidad, sin pasión, sin excesos, sin aventura, sin magia. Si dejo que el amor siga el camino que señala el deseo, los excesos de pasión transforman la relación en algo que solo puede fluir en la obscuridad de una habitación, con ropa regada por todas partes y el calor de dos cuerpos sobre la cama, comiéndose el uno al otro. Pero deja de ser racional en esencia.
Nunca trasciende. La atracción me nubla el panorama. Clamo por la presencia del otro, si no está no puedo cumplir el sueño. Y después de que se cumple no queda nada. Tal vez los recuerdo, pero ¿qué recuerdo? Sus labios recorriendo mi cuerpo o mis manos intentando descubrir que hay dentro de esa burbuja de piel. No pienso ni siento con el alma, los cinco sentidos luchan incansablemente para intentar que después de llegar a la cima me quede algo, algo deje una huella.
El amor por amor, porque simplemente quiero querer. Bloquea mi razón, porque se que ella trazará un mejor camino. No dejo, en muchos casos, que el amor llegue a la intimidad porque tampoco necesito tanto del otro. Quiero porque sí y para mi, mucha fantasía, muchos sueños (dormida o despierta).
La imaginación me ayuda a crear escenarios perfectos, con actores profesionales, pero a nada se concreta. Todo se desarrolla en mi cabeza, no hay necesidad de besar, de tocar y mucho menos de pensar. ¡Si lo hago, se acaba! La ilusión existe, pero él quizás lo ignora. Cara a cara, tal vez esa actuación magistral no se cumpla, pero tampoco puede durar para siempre.
Algún momento, temprano o tarde, me llego a despertar y la perfección se esfuma, me pone los pies sobre la tierra y todo el resto continua. Todo, con la satisfacción de haber vivido plenamente y cumplido mis sueños, pero frustrada cuando al mirar atrás y ver, al igual que en el desierto, que el viento borró todo el camino recorrido.
“La Trágica Aventura de Viajar en Bus”
Después de una fiesta tener que madrugar es algo terrible. En mi caso particular nunca he sido muy buena para esto, y lo peor es qué por lo menos de lunes a viernes nunca me queda de otra manera.
Para colmo todos los sábados, al igual que entre semana, me toca asistir a las clases de Educación Ambiental programadas por el Ministerio de Educación para los 5tos cursos del país. Un sábado, de tantos, después de una fiestota en la casa de mi mejor amigo decidí despertarme un poco más tarde para ir en bus de línea y no en el transporte del colegio a esas molestosas clases.
¡Nunca me he arrepentido tanto, como ese día, de tomar una decisión tan a la ligera! Me puse el uniforme, tome mi maleta y salí a la parada por donde pasaban los buses que me llevarían hasta el colegio. Aunque no me lo crean, y sin exagerar esperé 1 hora hasta que pasó el bus. Cabe mencionar que eran las 8:45 cuando me subí al transporte, tenía 45 minutos de retrazo, y todavía no empieza la mejor parte de la aventura.
Después de unos 20 minutos de viaje el conductor se dio cuenta de que un poco antes de llegar al peaje estaban algunos policías revisando papeles, y como para variar, él no tenía sus papeles en regla nos detuvieron. Después de casi 30 minutos de discusión los policías decidieron llevarlo a un centro de retención y tuve que esperar una media hora más hasta que llegue un chofer de reemplazo.
No podía subirme en otro bus porque no tenía más dinero que para ese y ya lo había pagado. La señorita que cobraba, como cosa rara, después de que nos detuvieron desapareció por completo y no había quien nos devuelva la plata. El chofer que llegó para hacerse cargo del bus tuvo que pasar una serie de revisiones antes de poder conducir.
Hasta que le hicieron todas las revisiones del caso paso un largo de tiempo. Más o menos a las 10:35 continué el viaje hasta el colegio. A la hora que llegué mis profesores y compañeros ya estaban de salida, después de todo el trajín me tocó regresarme a la casa con una horrorosa aventura y un gran cero en la clase de ese día…
Depuse de todo lo ocurrido quiero hacer una petición a todos los señores transportistas de país: Por favor, ser chofer es un oficio, y como en cualquier otro, tienen que trabajar con responsabilidad, saberse de memoria todas las reglas de transito y sobre todo acatarlas y respetarlas, ustedes no transportan objetos, transportan seres humanos, cuyas vidas ponen en sus manos a diario.
Nadie les impide trabajar, pero por favor, háganlo siempre por lo legal, tengan sus papeles en regla y no huyan cuando comenten un error ya que de la única persona de la que no van a poder huir nunca es de ustedes mismos y la conciencia les remorderá toda la vida.
“Al que madruga, Dios le ayuda”
En una de esas típicas mañanas frías y lluviosas de invierno me levanté un poco tarde, pensando en que el tiempo iba a ser suficiente, ya que me acosté pasada la media noche.
Era exactamente las 7:05 cuando entré a tomar una ducha. Salí del baño a las 7:20 y en 15 minutos estaba vestida, maquillada y peinada. Bajé a la cocina y preparé un nutritivo, pero rápido desayuno. Al acabar de comer, mi reloj marcaba las 7:50. Lo primero que pensé fue: ¡Dios mío, me voy a atrasar! Además de que ayer ya tuve problemas con mi jefe por impuntual hoy tengo una reunión con unos clientes a las 8:00.
Me cepillé los dientes, tomé mi bolso, las llaves del auto y salí corriendo. Al arrancar golpeé mi auto con la vereda. Se bajó la llanta trasera, pero como la oficina me quedaba cerca no le di mucha importancia. ¡La cambio allá!, pensé, después de la reunión o a la hora de almuerzo.
Para mi sorpresa, cuando llegué, no encontré estacionamiento, y por no ir al garaje de atrás me parqueé en la vereda de en frente. Llovía, y yo estaba con unos tacones bastante altos. Intenté correr, pero di tres pasos, me resbalé y caí. Se rompieron mis tacones, estaba empapada y muy adolorida.
Aterricé justo encima de un charco, pero mi bolso, que estaba abierto, cayo en media calle, la Av. 10 de Agosto para ser exacta. Cuando me levanté, aparte de la risa de todo el “público presente” (los consabidos metiches, que nunca ayudan y siempre estorban), vi cómo labiales, esferos, llaves, documentos y casi todas mis pertenencias, que 30 segundos antes estaban dentro de mi bolso, rodaban por la avenida.
A esa hora, por lo general, hay un tráfico terrible, por lo que para recoger cada cosa tenía que esperar a que cambie el semáforo, recoger la mayor cantidad de objetos, y además retirarme antes de que los carros arranquen, para que no me aplasten. Luego, esperar a que cambie el color nuevamente, para continuar con la operación.
Cuando terminé de recoger mis pertenencias eran las 8:15. Al entrar a la oficina me encontré con la novedad de que uno de mis compañeros había visto cuando me resbalé, y todos los demás, en complicidad con mi jefe y los clientes que me esperaban, estaban pegados a la ventana viendo las maniobras que hice después de caer.
Cuando llegue al escritorio de mi jefe, él no me regaño como yo esperaba, se rió y me dijo: Espero que esto le sirva de lección y que de aquí en adelante llegue siempre a tiempo. Nada hubiese pasado sí fuera puntual. “Al que madruga Dios le ayuda” mujer.
La cita programada se pospuso para la tarde del día siguiente y me gané el día libre. Mi jefe consideró que estando así, mojada, muy golpeada, adolorida y terriblemente avergonzada no podía trabajar y que era preferible que vaya al médico y descansara.
Desde ese día llego puntual a todo lugar y fomento campañas de puntualidad en mi casa, oficina, y en mi grupo de amigos.
Aunque no lo crean esto de la impuntualidad puede causar grandes y graves accidentes…