¿Amor?, que relajo esto del amor

2007/12/12 at 21:59 (Blogs, Inventado, Robado, Vivido) (, , )

Un amor desinteresado por quien podría dar mi vida y más. Ese amor en el que quiero con la mente, el cuerpo y el alma. Donde sí él llega a faltarme un solo minuto el aire me sobra, los minutos se me hacen más largos, los latidos de mi corazón más lentos, mi piel siente mucho frío, mis pensamientos se vuelven tontos y las lágrimas, casi siempre invisibles, mojan mis mejillas.  

¡Que difícil es querer así! Y más difícil aún el darme cuenta de cuándo todo lo que siento es amor del bueno; o no porque no puede existir amor malo, si hace daño ese sentimiento, el amor deja de ser amor, tal vez una gran obsesión; o si simplemente lo que siento es producto de la ilusión que me provoca una personalidad avasalladora.  

Cuánto de esto es real?, ¿Se puede amar siempre combinando la razón, el deseo y el amor como tal? ¿Cuándo se quiere con uno o con dos de estos componentes, no se puede sentir un amor completo?  Tal vez, si solo uso la razón, el amor queda incompleto.

Solo pienso lo que creo sentir y desear, pero no tengo la capacidad de dejar que siga, el amor, con su curso normal. Puede ser una amistad muy sincera, todo dentro de la normalidad, sin pasión, sin excesos, sin aventura, sin magia.  Si dejo que el amor siga el camino que señala el deseo, los excesos de pasión transforman la relación en algo que solo puede fluir en la obscuridad de una habitación, con ropa regada por todas partes y el calor de dos cuerpos sobre la cama, comiéndose el uno al otro. Pero deja de ser racional en esencia.

Nunca trasciende. La atracción me nubla el panorama.  Clamo por la presencia del otro, si no está no puedo cumplir el sueño. Y después de que se cumple no queda nada. Tal vez los recuerdo, pero ¿qué recuerdo? Sus labios recorriendo mi cuerpo o mis manos intentando descubrir que hay dentro de esa burbuja de piel. No pienso ni siento con el alma, los cinco sentidos luchan incansablemente para intentar que después de llegar a la cima me quede algo, algo deje una huella. 

El amor por amor, porque simplemente quiero querer. Bloquea mi razón, porque se que ella trazará un mejor camino. No dejo, en muchos casos, que el amor llegue a la intimidad porque tampoco necesito tanto del otro. Quiero porque sí y para mi, mucha fantasía, muchos sueños (dormida o despierta).

La imaginación me ayuda a crear escenarios perfectos, con actores profesionales, pero a nada se concreta. Todo se desarrolla en mi cabeza, no hay necesidad de besar, de tocar y mucho menos de pensar. ¡Si lo hago, se acaba! La ilusión existe, pero él quizás lo ignora. Cara a cara, tal vez esa actuación magistral no se cumpla, pero tampoco puede durar para siempre.  

Algún momento, temprano o tarde, me llego a despertar y la perfección se esfuma, me pone los pies sobre la tierra y todo el resto continua. Todo, con la satisfacción de haber vivido plenamente y cumplido mis sueños, pero frustrada cuando al mirar atrás y ver, al igual que en el desierto, que el viento borró todo el camino recorrido. 

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Madre, locamente madre…

2007/12/11 at 03:07 (Blogs, Inventado)

A veces, todos pensamos que no es tan fácil perder la cordura… Y ¿Perder la cordura por amor? Pues es un lugar común que, en lo personal, lo utilizo mucho. Ayer, caminando por la calle me encontré con una mujer, joven, alta, muy delgada, bien arregladita.

 

Llevaba un coche de bebé, con todo lo necesario para su cuidado. Una pañalera, que por el bulto que se veía, estaba muy bien provista de un completo equipo con pañales, biberones, ropita, juguetes y demás…

 

Mientras yo esperaba el bus, ella, sentada en el filo de la jardinera de un edificio, mecía el cochecito y cantaba alguna canción de cuna. Al bebé no se lo veía, el coche estaba tapado con una cobija celeste. A pesar de esto, a todas las personas, que en ese momento transitábamos por ahí, nos preguntada sobre su hijo.

 

      – ¿Verdad que es muy hermoso?, Se llama José Antonio. Y es mi hijito. Nació hace un poquito más de dos meses.

 

Como no es raro en esta ciudad, donde la gente camina preocupada de sus asuntos, apurada, mal genio o simplemente indiferente, nadie le ponía mucha atención a la joven muchacha.

 

 

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Pasaron algunos minutos. Una señora, apresurada, pero enternecida por lo que escuchaba decir a tan abnegada madre, se detuvo junto a ella y le dijo que le deje ver al pequeño.

 

    – Yo tengo un nietecito casi le la misma edad y es mi alegría. ¿Puedo destapar el coche para verlo?, pregunto.

 

La joven, sin temer la reacción de la señora y de algunas personas que estaban junto a nosotros, destapó el coche. Para sorpresa de todos, el coche estaba vacío, todas las cosas que ella cargaba no le pertenecían a nadie, más que a su ilusión de ser madre.

 

Al ver las caras de todos los presentes la joven rompió en llanto. Regresó a ver a la puerta del edificio, justo cuando una señora abría la puerta. Al ver lo que ocurría, la señora soltó unas fundas que llevaba en sus manos. Corrió hacia la muchacha, la abrazó y le pidió que se calmara.

 

Al momento, las caras de todos parecían un solo signo de interrogación. Elucubrando sobre lo que podía estar ocurriendo y, de alguna manera (talvez muy poco sutil), exigiendo una explicación.

 

Explicación que esta señora, quien después supimos que era la madre de la muchacha, no nos negó.

 

     – Mi hija estuvo embarazada. Fue un embarazo muy tranquilo, lleno de amor y sobre todo de paz. No hubo complicaciones, hasta cuando se cumplió la fecha del parto. Días antes de esto, el bebé había dejado de moverse y ella pensó que era porque estaba muy grande. Se ahorcó con el cordón umbilical y nació muerto. Ahora, mi hija sale de la casa con su coche y con todas las cosas que compramos para el bebé. Le canta canciones y lo cuida. Mi hija enloqueció por la perdida del bebé. Enloqueció de puro amor.

 

Después de explicar esto, abrazó a la joven, cogió la pañalera y paró un taxi y se marcharon.

 

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