Erupciones ya no atemorizan
En poblaciones situadas cerca del Reventador se vive con tranquilidad y hasta con cierta indiferencia.

Las erupciones son constantes.
Mientras cae la noche en el cantón de El Chaco y los pueblos aledaños, los flujos de lava y piedras incandescentes que descienden por las laderas del volcán El Reventador, se ven como “candela que sale de la tierra” según los moradores que la población, ubicada a aproximadamente 200 kilómetros de Quito.
En el día, el avistamiento de la montana es difícil. Gran cantidad de nubes, ceniza y vapor de agua cubre casi por completo la cima, el cráter no se ve, pero los estruendosos sonidos y los leves pero continuos movimientos terráqueos alertan a los moradores de que algo sucede en el interior de la tierra, cuando la intensidad aumenta y los periodos de espera estos fenómenos son más cortos, comprenden que algo más fuerte puede ocurrir.
Desde las 19h00, si el cielo está despejado, y hasta las 05h00 de la madrugada se puede divisar la forma de las montañas, las columnas de ceniza y el cráter despidiendo por el aire lava y piedras incandescentes.
Desde algunos puntos de la carretera, como el puente del sector de Piedra Fina, los conductores de buses y camiones se detienen por varios minutos o se parquean y bajan de los vehículos para apreciar el paisaje. “Unos con miedo, otros con asombro siempre admiran al volcán” aseguró María R., propietaria de una licorería que colinda con la carretera.
Ella comentó que en algunas ocasiones ha hospedado a conductores que por el temor de ser alcanzados por material incandescente no ha podido seguir con su viaje y que han esperado a que amanezca para continuar, asegurando que “en el día pasa lo mismo, sólo que por la luz no se ve que las piedras bajan prendidas”.
Sin embargo, la comunidad ya no le teme. Ahora, después de que el volcán ha tenido periodos eruptivos durante seis años, afirman que lo respetan, pero que conviven con él tranquilos y que están acostumbrados a los sismos y bramidos que produce a diario, típicos en las poblaciones asentadas cerca de volcanes.
“Con el Tungurahua pasa lo mismo y en Baños también viven tranquilos”, aseguró Carmen Quinchuela, propietaria de una tienda de abarrotes del cantón El Chaco. En esa población, los sonidos y los sismos se escuchan y se sienten hasta aproximadamente 40 kilómetros de distancia de la elevación. En el lugar habitan aproximadamente 10 mil personas y existen 250 familias que viven cerca de las faldas del volcán.
Este volcán que desde el 2002 inició un nuevo proceso eruptivo, y que no ha terminado hasta la presente fecha, es parte del paisaje de la zona, donde la vasta vegetación, la fauna y las comunidades han desarrollado un turismo “temerario” como lo considera Brandley Mc. Graw, guía turístico, que encontró en el lugar “una zona perfecta para recorrer y dictar clases de inglés a los moradores y turistas nacionales”.
A las habitantes, las erupciones del Reventador ya no los impresionan. “Nosotros ya no salimos a ver las erupciones ni la candela que baja por la loma, salimos cuando vienen turistas o medios de comunicación”, aseguró Alejandro Chilgana o Don Alejo, como lo conocen en el pueblo, hombre de más de 50 años, que es la mano derecha de los técnicos y vulcanólogos del Instituto Geofísico (IGM) y de los medios de comunicación, en los ascensos, recorridos y monitores del volcán.
“Ahora estamos acostumbrados, antes si nos atemorizaba, sobre todo por la posibilidad de perder nuestras casas, tierras, cultivos y animales”, comentó José Carbo, agricultor de la zona quien aseguró no haber perdido sus cosechas ni haber tenido problemas por la caída de ceniza en las dos últimas erupciones de julio y pasado sábado 08 de noviembre del presente año.
Por el momento, las poblaciones aledañas permanecen en sus casas y cumplen con sus actividades normales. Los niños van a las escuelas y los hombres y mujeres, dedicados en su mayoría a la agricultura y ganadería, siguen trabajando, pero todos están alerta de las indicaciones de las autoridades y los COEs.
Tradición, historia y leyenda en el Desfile de la Confraternidad

- Carros alegóricas del Desfile de la Confraternidad
Un recorrido por todas las etapas históricas de la ciudad desde el origen y mestizaje hasta el Quito Moderno rumbo al año Bicentenario se presentará en el desfile.
“Desde antes de que el tiempo fuese tiempo, desde siempre, desde los caranquis, los huancavilcas o los cochasquís y, desde luego, también desde los quitus y los caras, desde todos. Quito ha sabido construirse a sí mismo sobre la base de sus gentes, de su valor, de su muy alto sentido de la justicia y de su entrega generosa por días mejores para la Patria”, dice un fragmento del guión literario del Desfile de la Confraternidad.
Este año, la llegada y futura celebración del Bicentenario del 10 de agosto de 1809, Primer Grito de la Independencia será el tema de desfile en el que participarán un promedio de seis mil personas divididas en escuadras de músicos, danzantes, actores, bastoneras, escuelas de arte y bandas de pueblo y de guerras.
Además, para la organización unas 60 personas más han trabajado por lo menos 12 horas diarias, incluidos los feriados y los fines de semana, desde hace seis semanas, para no descuidar ningún detalle “ni el más chiquito”, aseguró Oscar Chicaiza, encargado del taller donde se fabrican los ocho carros alegóricos que participaran hoy y mañana en los desfiles de la Confraternidad.
Estos se desarrollaran al norte de la ciudad hoy a partir de las 09:00, en la avenida de Los Shyris, desde la calle Gaspar de Villaroel hasta la Av. Eloy Alfaro. En el sur, será mañana y partirá en la avenida Teniente Hugo Ortiz, desde la calle Cardenal de la Torre hasta la Aushyris, a partir de las 8h00.
Los carros alegóricos y todos los elementos que van incluidos, como figuras humanas gigantes, maquetas de edificaciones, animales y decorados fueron elaboradas por 25 artesanos. Todas las figuras tienen una estructura de hierro, un recubrimiento de esponja, acabados hechos en papel maché para los rostros (técnica que se utiliza desde este año), colores y texturas dados con pintura de caucho y los vestuarios con papel cambrel (muy parecido a una tela muy delgada y suave.
Para Francisco Sahona, organizador del evento desde 1993, “esta es una tradición que se debe mantener por todo lo que representa para la ciudad, su historia, sus leyendas y mucho más”.
El desfile estará dividido en ocho bloques que serán: Quito Multiétnico – origen y mestizaje de nuestra nación, Quito – Rebelde y Libertario, Eugenio Espejo – El duende quiteño, Agosto – héroes, mártires y el pueblo quiteño, 24 de mayo – el día de la independencia, Quito Republicano, Quito – Incluyente y Diverso, Quito en el bicentenario – el inmenso futuro.
Pintag: Descubriendo los páramos a caballo

Cabalgata por los senderos del cerro Sincholagua en Pintag
Llegar a la parroquia de Pintag, desde la capital no es difícil. Una furgoneta para 15 personas aguarda a los viajeros en la plaza Gabriela Mistral, ubicada en el sector de La Mariscal. Ahí Alex, guía turístico nativo de la zona, aguarda con ansias a los 10 aventureros que lo acompañarán hasta la plaza central del pueblo.
Una vez que todos están acomodados en sus puestos, empieza la aventura. Antes de llegar es imprescindible que los turistas sepan algunos aspectos históricos y geográficos de la zona. Primero comenta sobre la riqueza y las bondades de su tierra, cuna de guerreros incas y de varías manifestaciones artísticas.
Durante el viaje, que toma una hora y media, desde el punto de partida hasta el centro del poblado, las historias del General Pintag, patrono de la parroquia, los detalles de la fauna y flora y una anunciada cabalgata, animan al grupo por llegar y participar en todas las actividades preparadas.
Durante el recorrido por la autopista General Rumiñahui, la vista de los nevados Cotopaxi, Antisana y los Illinizas evidencian un día despejado, preciso para una mañana de aventura.
Una vez en el pueblo, Alex se despide. Al recorrido por las lagunas de los páramos de la zona no podrá ir. Sin embargo, los organizadores del recorrido invitan al grupo para miren fotografías de otros tours en el Centro de Información de la parroquia y para que tomen un vaso de agua de ’sunfo’ (planta medicinal nativa) bien caliente, “para que no de soroche”, aseguran.
De regreso al vehículo, los organizadores anuncian que después de un recorrido de 15 minutos más en carro, llegarían al refugio del ‘J’, donde los caballos estarían esperando, ya adecuados con las monturas y estribos bien puestos para iniciar la cabalgata. Durante el trayecto, todos comentabas sobre antiguas experiencias parecidas y otros, los más temerosos, aseguraban nunca haber montado uno.
Sin embargo un hueco en el camino de piedra impidió que los turistas sigan con el recorrido en el vehículo. Afortunadamente, una camioneta 4×4, vehículo apropiado para ese terreno, circulaba unos metros delante. “Todos al balde”, gritó uno de los organizadores, después de haber convencido al chofer de llevar a los turistas hasta el refugio.
El frío del páramo se comenzó a sentir, cuando más se acercaban a las faldas del Sincholagua, elevación por la que iban a ascender en los caballos. En el refugio, el ‘J’ aguardaba la llegada del grupo que guiaría por los secretos de las elevaciones de tierra y lagunas que iban a visitar. Otro nativo, que no supo decir su nombre, pero que aseguró haber nacido en el sector, brindó algunas porciones de chocolate “para que tengan más energía y no se entumezcan los músculos por el frío”, dijo.
Empezó la cabalgata y en la primera recta, el más astuto de los aventureros hizo galopar su caballo. Los gritos de los menos experimentados retumbaban entre la vegetación de la zona, cubierta por altas matas de chuquiragua (flor típica del páramo) por el miedo de perder el control del animal y terminar en el piso. Sin embargo, el ‘J’, mientras reía por “la inexperiencia de los citadinos”, aseguraba que mientras él este al mando del grupo nada pasaría.
A lo lejos, entre la dispersa vegetación y los pajonales que cercan el sendero se logra divisar una mancha azul que el guía explica que es la Laguna de Yanasacha. Dentro del recorrido se pueden visitar dos cascadas más: Laguna de secas o Muertepungo y Tipopugro .
Una parada en el lugar es el momento preciso para pedir prestados al guía, todos sus enseres, los que todo chagra utiliza. El sombrero de media ala y un poncho grueso que los calienta, pese a las bajas temperaturas, para tomarse algunas fotografías.
El recorrido continúa, ahora rumbo hacia el mirador que queda en la cima del Sincholagua, desde donde se divisa, entre la neblina, que por la hora lo cubre casi todo, el Valle de los Chillos. Una zona urbana, ubicada a 40 minutos de Pintag.
La flora del páramo, donde plantas como el chusque, chilco, frailejón y carrizo, o animales como conejos, salamandras y un imponente cóndor que sobrevuela el sector, siguen maravillando a los visitantes, que después de una hora de cabalgata ya se sienten grandes jinetes.

El recorrido incluye visitas a las lagunas de la zona
Por la premura del tiempo, los visitantes deciden regresar, sin embargo el ‘J’ comenta que el camino por el río de lava que se conserva desde la última erupción del Antisana en 1700, es el más sorprendente de todos los atractivos de la zona. Para este recorrido los visitantes deben permanecer en el lugar por dos días, para acampar en un pampa y continuar con la excursión al amanecer.
El camino de regreso se hace más corto, talvez por que las ganas de quedarse en la zona y seguir viviendo esta experiencia, es parte del pensamiento de los turistas. Ahora, después de haber aplacado el frío con chompas gruesas y chalinas, el los rostros de los cabalgantes se observan las mejillas rojizas producto del sol de páramo, que según
comentan los nativos “es más fuerte que el de la costa, aunque no se sienta”.
Un kilómetro atrás, en la última recta, ya se divisa la casa del refugio, donde los organizadores esperan a los hambrientos aventureros con una pierna de cordero asada. Talvez por el hambre o por la necesidad de demostrar que después de dos horas de recorrido, controlan perfectamente el caballo, todos galopan siguiendo al ‘J’.
Comen y ríen hasta que el dueño de la camioneta regresa para volver con los aventureros hasta el punto donde se quedó la furgoneta. Los agradecimientos y promesas de volver pronto, llenan de satisfacción al guía, quien comenta que desde hace 13 años se dedica a las guías de excursiones en el Sincholagua.
Desde que abordan la furgoneta, todos se acomodan, pues la siguiente parada sería después de hora y media cuando lleguen a la plaza Gabriela Mistral.
Las chivas: una forma de redescubrir Quito

"Yo soy el chullita quiteño"...
Alquilar una chiva en Quito, no es difícil siempre y cuando la demanda de las fiestas de Quito no las hayan copado todas. A pesar de eso quienes consiguen una suelen reunirse en la Tribuna de los Shyris. Esa noche más de 100 personas esperaban pacientes, en el frío de la noche, que llegue su medio de transporte.
Cuando llega la chiva, la emoción de una experiencia nueva y el final de la espera, marcan una sonrisa en los asistentes que van subiendo por la parte lateral del “clásico busecito” para reconocer la ciudad en una hora poco habitual para hacer turismo y desde un ángulo diferente.
Una vez que todos están dentro del vehículo, los guías entregan los pitos y vasos que utilizarán durante el recorrido. La chiva empieza a rodar sobre la avenida de los Shyris. La Bandade Cotocollao toca las primeras notas del Chulla Quiteño y los asistentes corean la canción y siguen el ritmo con los pitos.
Curva hacia la derecha para tomar la avenida República. Los asistentes, en esta ocasión trabajadores de un restaurante de comida japonesa, bromeaban con sus jefes, todos asiáticos, sobre su desconocimiento de las calles y lugares típicos de la ciudad.
Llegando a la avenida amazonas, la vista de la ciudad, un poco desolada y cubierta de neblina, cambio de cara. Ahora, la gente caminaba por las calles, reía y bailaba al son de la banda de pueblo de cada una de las chivas que recorrían el sector a esa hora.
Mientras seguían el recorrido por la misma avenida, “un borrachito”, como comentaban los asistentes, saludaba sacándose la gorra y bailando mientras dentro del automotor todos le aplaudían y cantaban “lindo Quito de mi vida, yo te canto con amor”.
Llegando a la avenida de la patria, para salir a la 10 de agosto, otra vez una ciudad fría y solitaria mermó la euforia de los viajeros. Hasta la banda de pueblo dejo de tocar. Ese fue el único momento de descanso que tuvieron los músicos.
Los jóvenes músicos José Toaso (32 años), Juan Toaso (30 años), Miguel Quishpe (22 años), Vinicio Toaso (20 años), Brian Quishpe (11 años) y Cristina Toaso (8 años) son miembros de una banda de pueblo, “de las más reconocidas de la ciudad” dijeron. Esta banda se dividió por las fiestas en dos grupos para poder responder a la gran demanda de las fiestas.
Pese a que son muy jóvenes todavía, ya tienen gran experiencia en estas ‘tocadas’. Todos recuerdan haber participado en estos festejos desde los seis años. Ellos, bien abrigados con chompas, gorros y doble par de medias, consideran ser el alma de la fiesta. “Sin banda no hay chiva” comenta Cristina quien se siente muy orgullosa por poder saludar a su ciudad y por ser una de las pocas mujeres que se dedican a esta actividad en la familia.
Llegando al Centro Histórico, el gran escudo de la ciudad elaborado con luces de neón provoca en los asistentes un desflore de emociones, la banda toca más fuerte y con más energía. Para los japoneses esa fue una gran forma de saludar a la ciudad en sus fiestas.
Viendo lo que ocurría dentro de la chiva, los guías pensaron que era el momento perfecto para hacer un brindis “por la ciudad y su gente” con un vaso de canelazo. Y al son de ¡Viva Quito! empinaron el vaso y bebieron hasta la última gota del licor caliente típico de las fiestas y de los páramos ecuatorianos.

No importa la edad, todos disfrutan del paseo
El recorrido por el Centro histórico fue asombroso. Las calles angostas y empinadas por donde circulaba la chiva dejaban descubrir una ciudad diferente. Las calles Guayaquil, Rocafuerte, Cuenca, Bolívar, Benalcázar Sucre. Mejía, García Moreno, Venezuela, Montúfar se ven diferentes en la noche.
Las calles prácticamente vacías, pero siempre con algún transeúnte daban un paisaje diferente. En la Plazade Santo Domingo, la chiva tuvo que parar por unos minutos mientras en guía intentaba convencer a dos agentes de tránsito para que permitan que los turistas lleguen a San Francisco y a la Plazade la Independencia.“Son japoneses y quieren conocer esos lugares, no sea malito” le decía mientras la banda tocaba más fuerte para que no se escuchen sus súplicas.
Miraron hacia atrás, cuando la chiva comenzó a rodar y Martín, el carismático guía corría tras el vehículo. Iba despacio, pero siempre más rápido que él. Dando un salto sorprendente estaba de pie en el lado derecho del vehículo. “Lo logramos”, anunció. Él había podido convencer a los agentes de tránsito para que permita el paso.
Esta hazaña merecía un nuevo brindis. Los vasos pasaban de mano en mano hasta la parte posterior del vehículo. Algunos, los más recatados se excusaron del brindis asegurando que no hacía tanto frío, mientras una leve capa de neblina cubría la chiva.
Subiendo por la Rocafuerte, llegamos a la calle Cuenca, donde la tarde anterior había ocurrido un incendio de gran magnitud. Los obreros que trabajaban en el techo de la casa víctima del fuego, se tomaron unos minutos para saludar y dar unos poquitos pasos de baile, al ritmo de los platillos, que con real maestría los manejaba Cristina Toaso.
Luego, cruzando por el Palacio Presidencial, los militares, con su marcialidad saludaron a los turistas fiesteros. Mientras uno de ellos, el más joven por su apariencia, apoyado en el filo de uno de los balcones, escuchaba música en su radio portátil. “¡Así lo van a matar al presidente!”, grito uno de los asistentes más osados. El joven militar solo sonrió.
Ya en el regreso, tomado la avenida 12 de octubre, hacia el norte, una parada de algo más de 40 minutos fue el mejor momento para conversar y compartir. El guía anunció que en durante los próximos cinco minutos tres parejas bailarían al son de “Cuchara de palo” para elegir a la Quiteña Bonita.La ganadora fue una japonesa quien aseguro que su nombre en español significa Gloria.
Después de esto, los asistentes, guías, y músicos tuvieron tiempo de degustar algunas variedades de sushi (comida japonesa), pollo brosterizado y bocaditos. Según Martín, los japoneses quisieron de esta manera rendir un homenaje a la ciudad y a sus colaboradores.
El recorrido continuó. Ahora buscando las calles más despejadas ya que estaban un poco pasados del tiempo. En el camino, la mitad de los 25 asistentes que viajaban en la chiva se despidieron y se bajaron ya que estaban más cerca de sus viviendas. El resto, llegó hasta la tribuna de los Shyris, donde los organizadores del recorrido debieron cancelar un saldo a los dueños del vehículo por excederse en el tiempo del recorrido.
Los músicos de la banda bajaron sus instrumentos y los adornos que quedaban fueron remplazados por otros, para que este lista para el nuevo recorrido. Sin embargo, ese momento se enteraron que el recorrido que iniciaba a las 22h00 había cancelado el recorrido por el frío que hacia y una posible lluvia que no llego