Las chivas: una forma de redescubrir Quito

Febrero 26, 2009 at 4:52 pm (Desde el periodismo) (, , , , )

"Yo soy el chullita quiteño"...

"Yo soy el chullita quiteño"...

Alquilar una chiva en Quito, no es difícil siempre y cuando la demanda de las fiestas de Quito no las hayan copado todas. A pesar de eso quienes consiguen una suelen reunirse en la Tribuna de los Shyris. Esa noche más de 100 personas esperaban pacientes, en el frío de la noche, que llegue su medio de transporte.

 

Cuando llega la chiva, la emoción de una experiencia nueva y el final de la espera, marcan una sonrisa en los asistentes que van subiendo por la parte lateral del “clásico busecito” para reconocer la ciudad en una hora poco habitual para hacer turismo y desde un ángulo diferente.

 

Una vez que todos están dentro del vehículo, los guías entregan los pitos y vasos que utilizarán durante el recorrido. La chiva empieza a rodar sobre la avenida de los Shyris. La Bandade Cotocollao toca las primeras notas del Chulla Quiteño y los asistentes corean la canción y siguen el ritmo con los pitos.     

 

Curva hacia la derecha para tomar la avenida República. Los asistentes, en esta ocasión trabajadores de un restaurante de comida japonesa, bromeaban con sus jefes, todos asiáticos, sobre su desconocimiento de las calles y lugares típicos de la ciudad.

 

Llegando a la avenida amazonas, la vista de la ciudad, un poco desolada y cubierta de neblina, cambio de cara. Ahora, la gente caminaba por las calles, reía y bailaba al son de la banda de pueblo de cada una de las chivas que recorrían el sector a esa hora.

 

Mientras seguían el recorrido por la misma avenida, “un borrachito”, como comentaban los asistentes, saludaba sacándose la gorra y bailando mientras dentro del automotor todos le aplaudían y cantaban  “lindo Quito de mi vida, yo te canto con amor”.

 

Llegando a la avenida de la patria, para salir a la 10 de agosto, otra vez una ciudad fría y solitaria mermó la euforia de los viajeros. Hasta la banda de pueblo dejo de tocar. Ese fue el único momento de descanso que tuvieron los músicos.

 

Los jóvenes músicos José Toaso (32 años), Juan Toaso (30 años), Miguel Quishpe (22 años), Vinicio Toaso (20 años), Brian Quishpe (11 años) y Cristina Toaso (8 años) son miembros de una banda de pueblo, “de las más reconocidas de la ciudad” dijeron. Esta banda se dividió por las fiestas en dos grupos para poder responder a la gran demanda de las fiestas.

 

Pese a que son muy jóvenes todavía, ya tienen gran experiencia en estas ‘tocadas’. Todos recuerdan haber participado en estos festejos desde los seis años. Ellos, bien abrigados con chompas, gorros y doble par de medias, consideran ser el alma de la fiesta. “Sin banda no hay chiva” comenta Cristina quien se siente muy orgullosa por poder saludar a su ciudad y por ser una de las pocas mujeres que se dedican a esta actividad en la familia. 

 

Llegando al Centro Histórico, el gran escudo de la ciudad elaborado con luces de neón provoca en los asistentes un desflore de emociones, la banda toca más fuerte y con más energía. Para los japoneses esa fue una gran forma de saludar a la ciudad en sus fiestas.

 

Viendo lo que ocurría dentro de la chiva, los guías pensaron que era el momento perfecto para hacer un brindis “por la ciudad y su gente” con un vaso de canelazo. Y al son de ¡Viva Quito! empinaron el vaso y bebieron hasta la última gota del licor caliente típico de las fiestas y de los páramos ecuatorianos.

No importa la edad, todos disfrutan del paseo

No importa la edad, todos disfrutan del paseo

 

El recorrido por el Centro histórico fue asombroso. Las calles angostas y empinadas por donde circulaba la chiva dejaban descubrir una ciudad diferente. Las calles Guayaquil, Rocafuerte, Cuenca, Bolívar, Benalcázar Sucre. Mejía, García Moreno, Venezuela, Montúfar se ven diferentes en la noche.

 

Las calles prácticamente vacías, pero siempre con algún transeúnte daban un paisaje diferente. En la Plazade Santo Domingo, la chiva tuvo que parar por unos minutos mientras en guía intentaba convencer a dos agentes de tránsito para que permitan que los turistas lleguen a San Francisco y a la Plazade la Independencia.“Son japoneses y quieren conocer esos lugares, no sea malito” le decía mientras la banda tocaba más fuerte para que no se escuchen sus súplicas.

 

Miraron hacia atrás, cuando la chiva comenzó a rodar y Martín, el carismático guía corría tras el vehículo. Iba despacio, pero siempre más rápido que él. Dando un salto sorprendente estaba de pie en el lado derecho del vehículo. “Lo logramos”, anunció. Él había podido convencer a los agentes de tránsito para que permita el paso.

 

Esta hazaña merecía un nuevo brindis. Los vasos pasaban de mano en mano hasta la parte posterior del vehículo. Algunos, los más recatados se excusaron del brindis asegurando que no hacía tanto frío, mientras una leve capa de neblina cubría la chiva.

 

Subiendo por la Rocafuerte, llegamos a la calle Cuenca, donde la tarde anterior había ocurrido un incendio de gran magnitud. Los obreros que trabajaban en el techo de la casa víctima del fuego, se tomaron unos minutos para saludar y dar unos poquitos pasos de baile, al ritmo de los platillos, que con real maestría los manejaba Cristina Toaso.

 

Luego, cruzando por el Palacio Presidencial, los militares, con su marcialidad saludaron a los turistas fiesteros. Mientras uno de ellos, el más joven por su apariencia, apoyado en el filo de uno de los balcones, escuchaba música en su radio portátil. “¡Así lo van a matar al presidente!”, grito uno de los asistentes más osados. El joven militar solo sonrió.

 

Ya en el regreso, tomado la avenida 12 de octubre, hacia el norte, una parada de algo más de 40 minutos fue el mejor momento para conversar y compartir. El guía anunció que en durante los próximos cinco minutos tres parejas bailarían al son de “Cuchara de palo” para elegir a la Quiteña Bonita.La ganadora fue una japonesa quien aseguro que su nombre en español significa Gloria.

 

Después de esto, los asistentes, guías, y músicos tuvieron tiempo de degustar algunas variedades de sushi (comida japonesa), pollo brosterizado y bocaditos. Según Martín, los japoneses quisieron de esta manera rendir un homenaje a la ciudad y a sus colaboradores.

 

El recorrido continuó. Ahora buscando las calles más despejadas ya que estaban un poco pasados del tiempo. En el camino, la mitad de los 25 asistentes que viajaban en la chiva se despidieron y se bajaron ya que estaban más cerca de sus viviendas. El resto, llegó hasta la tribuna de los Shyris, donde los organizadores del recorrido debieron cancelar un saldo a los dueños del vehículo por excederse en el tiempo del recorrido.

 

Los músicos de la banda bajaron sus instrumentos y los adornos que quedaban fueron remplazados por otros, para que este lista para el nuevo recorrido. Sin embargo, ese momento se enteraron que el recorrido que iniciaba a las 22h00 había cancelado el recorrido por el frío que hacia y una posible lluvia que no llego

 

 

 

 

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