Erupciones ya no atemorizan

Febrero 26, 2009 at 5:53 pm (Desde el periodismo) (, , , , , , , , )

En poblaciones situadas cerca del Reventador se vive con tranquilidad y hasta con cierta indiferencia.

Las erupciones son constantes.

Las erupciones son constantes.

Mientras cae la noche en el cantón de El Chaco y los pueblos aledaños, los flujos de lava y piedras incandescentes que descienden por las laderas del volcán El Reventador, se ven como “candela que sale de la tierra” según los moradores que la población, ubicada a aproximadamente 200 kilómetros de Quito.

En el día, el avistamiento de la montana es difícil. Gran cantidad de nubes, ceniza y vapor de agua cubre casi por completo la cima, el cráter no se ve, pero los estruendosos sonidos y los leves pero continuos movimientos terráqueos alertan a los moradores de que algo sucede en el interior de la tierra, cuando la intensidad aumenta y los periodos de espera estos fenómenos son más cortos, comprenden que algo más fuerte puede ocurrir.

Desde las 19h00, si el cielo está despejado, y hasta las 05h00 de la madrugada se puede divisar la forma de las montañas, las columnas de ceniza y el cráter despidiendo por el aire lava y piedras incandescentes.

Desde algunos puntos de la carretera, como el puente del sector de Piedra Fina, los conductores de buses y camiones se detienen por varios minutos o se parquean y bajan de los vehículos para apreciar el paisaje. “Unos con miedo, otros con asombro siempre admiran al volcán” aseguró María R., propietaria de una licorería que colinda con la carretera.

Ella comentó que en algunas ocasiones ha hospedado a conductores que por el temor de ser alcanzados por material incandescente no ha podido seguir con su viaje y que han esperado a que amanezca para continuar, asegurando que “en el día pasa lo mismo, sólo que por la luz no se ve que las piedras bajan prendidas”. 

Sin embargo, la comunidad ya no le teme. Ahora, después de que el volcán ha tenido periodos eruptivos durante seis años, afirman que lo respetan, pero que conviven con él tranquilos y que están acostumbrados a los sismos y bramidos que produce a diario, típicos en las poblaciones asentadas cerca de volcanes.

“Con el Tungurahua pasa lo mismo y en Baños también viven tranquilos”, aseguró Carmen Quinchuela, propietaria de una tienda de abarrotes del cantón El Chaco. En esa población, los sonidos y los sismos se escuchan y se sienten hasta aproximadamente 40 kilómetros de distancia de la elevación. En el lugar habitan aproximadamente 10 mil personas y existen 250 familias que viven cerca de las faldas del volcán. 

Este volcán que desde el 2002 inició un nuevo proceso eruptivo, y que no ha terminado hasta la presente fecha, es parte del paisaje de la zona, donde la vasta vegetación, la fauna y las comunidades han desarrollado un turismo “temerario” como lo considera Brandley Mc. Graw, guía turístico, que encontró en el lugar “una zona perfecta para recorrer y dictar clases de inglés a los moradores y turistas nacionales”.

 A las habitantes, las erupciones del Reventador ya no los impresionan. “Nosotros ya no salimos a ver las erupciones ni la candela que baja por la loma, salimos cuando vienen turistas o medios de comunicación”, aseguró Alejandro Chilgana o Don Alejo, como lo conocen en el pueblo, hombre de más de 50 años, que es la mano derecha de los técnicos y vulcanólogos del Instituto Geofísico (IGM) y de los medios de comunicación, en los ascensos, recorridos y monitores del volcán. 

“Ahora estamos acostumbrados, antes si nos atemorizaba, sobre todo por la posibilidad de perder nuestras casas, tierras, cultivos y animales”, comentó José Carbo, agricultor de la zona quien aseguró no haber perdido sus cosechas ni haber tenido problemas por la caída de ceniza en las dos últimas erupciones de julio y pasado sábado 08 de noviembre del presente año.

Por el momento, las poblaciones aledañas permanecen en sus casas y cumplen con sus actividades normales. Los niños van a las escuelas y los hombres y mujeres, dedicados en su mayoría a la agricultura y ganadería, siguen trabajando, pero todos están alerta de las indicaciones de las autoridades y los COEs.

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