Madre, locamente madre…

Diciembre 11, 2007 at 3:07 am (Blogs, Inventado)

A veces, todos pensamos que no es tan fácil perder la cordura… Y ¿Perder la cordura por amor? Pues es un lugar común que, en lo personal, lo utilizo mucho. Ayer, caminando por la calle me encontré con una mujer, joven, alta, muy delgada, bien arregladita.

 

Llevaba un coche de bebé, con todo lo necesario para su cuidado. Una pañalera, que por el bulto que se veía, estaba muy bien provista de un completo equipo con pañales, biberones, ropita, juguetes y demás…

 

Mientras yo esperaba el bus, ella, sentada en el filo de la jardinera de un edificio, mecía el cochecito y cantaba alguna canción de cuna. Al bebé no se lo veía, el coche estaba tapado con una cobija celeste. A pesar de esto, a todas las personas, que en ese momento transitábamos por ahí, nos preguntada sobre su hijo.

 

      – ¿Verdad que es muy hermoso?, Se llama José Antonio. Y es mi hijito. Nació hace un poquito más de dos meses.

 

Como no es raro en esta ciudad, donde la gente camina preocupada de sus asuntos, apurada, mal genio o simplemente indiferente, nadie le ponía mucha atención a la joven muchacha.

 

 

800959385151.jpg

 

Pasaron algunos minutos. Una señora, apresurada, pero enternecida por lo que escuchaba decir a tan abnegada madre, se detuvo junto a ella y le dijo que le deje ver al pequeño.

 

    – Yo tengo un nietecito casi le la misma edad y es mi alegría. ¿Puedo destapar el coche para verlo?, pregunto.

 

La joven, sin temer la reacción de la señora y de algunas personas que estaban junto a nosotros, destapó el coche. Para sorpresa de todos, el coche estaba vacío, todas las cosas que ella cargaba no le pertenecían a nadie, más que a su ilusión de ser madre.

 

Al ver las caras de todos los presentes la joven rompió en llanto. Regresó a ver a la puerta del edificio, justo cuando una señora abría la puerta. Al ver lo que ocurría, la señora soltó unas fundas que llevaba en sus manos. Corrió hacia la muchacha, la abrazó y le pidió que se calmara.

 

Al momento, las caras de todos parecían un solo signo de interrogación. Elucubrando sobre lo que podía estar ocurriendo y, de alguna manera (talvez muy poco sutil), exigiendo una explicación.

 

Explicación que esta señora, quien después supimos que era la madre de la muchacha, no nos negó.

 

     – Mi hija estuvo embarazada. Fue un embarazo muy tranquilo, lleno de amor y sobre todo de paz. No hubo complicaciones, hasta cuando se cumplió la fecha del parto. Días antes de esto, el bebé había dejado de moverse y ella pensó que era porque estaba muy grande. Se ahorcó con el cordón umbilical y nació muerto. Ahora, mi hija sale de la casa con su coche y con todas las cosas que compramos para el bebé. Le canta canciones y lo cuida. Mi hija enloqueció por la perdida del bebé. Enloqueció de puro amor.

 

Después de explicar esto, abrazó a la joven, cogió la pañalera y paró un taxi y se marcharon.

 

Escribe un comentario